Por: Sebastián Toledo
Así se la conoce a la ciudad china de Linfen, en la
provincia de Shanxi, debido a que el smog producido por sus fábricas oscurece
el ambiente. Hace unas décadas se destacaba por contar con ámplios espacios
verdes y miles de árboles frutales en sus calles, ahora el sol apenas es visto
unos 20 dias al año entre las penumbras grisáceas.
Hoy Linfen ocupa el primer puesto entre las ciudades más contaminadas del mundo.
En Linfen la agricultura prácticamente no existe, debido a que las verduras que
se cosechan presentan una gran capa de polvo negro; los niños no conocen las
estrellas ya que su cielo está permanentemente cubierto por un manto gris de
humo. Los habitantes pasan gran
parte del día en sus viviendas, prácticamente tapiadas para tratar de frenar la
contaminación de afuera; cuando salen, deben usar
mascarillas quirúrgicas para disminuir un poco la
contaminación absorbida.
A pesar de las
precausiones la esperanza de vida de los ciudadanos de Linfen es de tan
solo 60 años, diez menos que en
el resto de China, y muchas ONGs afirman que su contaminación es mucho mayor
que la existente en Chernobyl después del desastre nuclear.
El desastre ambiental
es tal, que desde hace medio año el partido comunista no
consigue que alguien se haga cargo de la jefatura en la sede municipal. Ningún funcionario quiere hacerse responsable del
puesto y vivir en Linfen se considera como un castigo de cadena perpetua. Su
aire es cuatro veces más perjudicial que el de cualquier ciudad occidental
gravemente contaminada.
Linfen es una ciudad
destruida por la inconciencia humana, un lugar lúgubre y triste que quien sabe;
algún dia pueda volver a ver el cielo azul de nuestro planeta.

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