domingo, 31 de marzo de 2013

CASTEL GANDOLFO: SECRETOS DE LA CASA DE VERANO PAPAL

Por: Sebastian Toledo
A tan sólo 23 Km. Del Vaticano, entre placenteros jardines a los piés del lago Albano se encuentra la residencia de vacaciones de los Papas, donde actualmente se hospeda el Papa Emérito Benedicto XVI.
Un lugar absolutamente privilegiado en una localidad de 9.000 habitantes considerada como una de las más bellas de Italia.
Las dependencias pontificias de Castel Gandolfo se extienden a lo largo de 55 hectáreas, 11 hectáreas más que la ciudad del Vaticano, 30 hectáreas de jardines primorosamente cuidados y 25 hectáreas destinadas a la actividad ganadera y agrícola donde se cultivan las verduras  rigurosamente biológicas que Benedicto XVI consume y la leche con la que desayuna todos los días. Desde hace 85 años todos los días a las 5 de la mañana sale una pequeña furgoneta que lleva leche fresca, yogurt casero, manteca, huevos recién puestos, verduras de temporada, frutas de estación, aceite de oliva artesanal y demás productos para la despensa del Vaticano.
El primer papa en buscar refugio en Castel Gandolfo contra los calores romanos fue Urbano VIII. Inmediatamente después de su elección en 1623, el Pontífice ordenó su construcción a Carlo Maderno. Sin embargo, nunca llegó a dormir en él, prefiriendo siempre alojarse en la cercana Villa Barberini, propiedad de su sobrino Taddeo Barberini y donde ya pasaba muchos periodos antes de ser elegido Pontífice.

El primer papa en alojarse fue Alejandro VII quien, en los 12 años que ejerció como máxima autoridad de la Iglesia Católica -entre 1655 y 1667- completó el palacio papal. Sin embargo, y a partir de ahí, Castel Gandolfo cayó en el olvido durante casi un centenar de años. Hasta que en el siglo XVII Benedicto XIV lo reestructuró y comenzó a ser de nuevo frecuentada por los Papas, muchos de los cuales fueron poco a poco ampliándola con nuevas propiedades.
La cosa cambió en 1870 cuando, con la creación del Reino de Italia y el fin de los Estados Pontificios, los sucesivos Papas optaron por encerrarse en el Vaticano en signo de protesta y no volvieron a poner el pie por allí. Solo volvieron a hacerlo a partir de 1929, cuando Pío XI y Benito Mussolini firmaron los Pactos Luteranos, en virtud de los cuales la Iglesia reconocía a Italia como estado soberano y ésta hacía lo propio con la Ciudad del Vaticano.
Ese acuerdo no sólo supuso que Castel Gandolfo fuera declarado posesión extraterritorial de la Santa Sede. Además, y para resarcir la desaparición de los Estados Pontificios, la residencia se vio ampliada con la incorporación de Villa Barberini, levantada sobre los restos de la antigua villa del emperador Domiciano y de la que aún se conservan los restos del teatro imperial, una estatua ecuestre del propio Domiciano que data de la época y, sobre todo, el porticado bajo el cual el emperador solía pasear cuando llovía.
“Dicen que los Barberini, que vivían en Roma, se enteraron de que les había sido expropiada su villa en Castel Gandolfo cuando lo leyeron en le periódico. Toda la operación se llevó a cabo en secreto y muy rápidamente“, cuenta Pier Paolo Turoli, uno de los responsables de la dirección de estas villas pontificias. De hecho tan rápida fue la operación que, por error, hasta el cementerio de la localidad de Castel Gandolfo fue incluido entre las propiedades del Vaticano. La gente del pueblo, para ir a rezar a sus muertos, tenía que entrar en un estado exterior, tiempo después, la situación se arregló.
Desde entonces, casi todos los papas han pasado largos periodos en esta residencia. Empezando por Pío XII, quien no sólo murió en Castel Gandolfo en 1958, sino que durante la ocupación nazi de Roma dio refugio en este lugar a unas 12.000 personas, desde vecinos de la localidad hasta judíos, pasando por mujeres embarazadas a las que cedió su propio dormitorio y donde nacieron en total 50 niños, muchos de los cuales se llaman Pío o Eugenio (por Eugenio Pacelli, su verdadero nombre).
Juan XXIII, de quien los empleados más veteranos aún recuerdan que de vez en cuando abandonaba el lugar sin advertir a nadie para mezclarse, sin escolta, entre la gente. Siguiendo por Pablo VI, fallecido también él en Castel Gandolfo el 6 de agosto de 1978. Su sucesor, Juan Pablo I, no tuvo tiempo de llegar a poner el pie allí en los sólo 33 días que fue Papa. Mientras tanto, Juan Pablo II hechó críticas al conocerse que se había hecho construir aquí una piscina cubierta (pagada, eso sí, por un grupo de estadounidenses de origen polaco)
Hasta ahora, Benedicto XVI dispuso en Castel Gandolfo de un piano en el que, sobre todo al caer la tarde, no fue raro oírlo interpretar piezas de Mozart, Bach o Beethoven.
Actualmente total de 59 empleados se ocupan de mantener Castel Gandolfo en perfecto estado, muchos menos de los 110 que eran hace 40 años. Actualmente el castillo dispone de albañiles, pintores, electricistas y, por supuesto, jardineros y personal agrario y ganadero. La finca cuenta además con unas 60 vacas y bueyes (que producen diariamente unos 500 o 600 litros de leche), gallinas que ponen hasta 100 huevos diarios, olivos centenarios (que producen entre 10 y 15 quintales de aceite al año), árboles frutales y un surtido huerto.

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